23 octubre, 2008

Oliver y Benji versión guiri



El Tecmo Cup, en cualquiera de sus versiones, es el clásico título mestizo que consigue que cualquier futbolero de pro (o de fifa, jajajá risas mil) se obsesione con probarlo. Sorprende cómo mezcla hábilmente los mundos del fútbol y el rol, apreciándose en detalles como la propia gestión del equipo (desde pantallas individualizadas, y no desde una general que muestre todo el terreno de juego) y los parámetros de los jugadores (reflejados en todo momento y resaltándose según qué acciones se puedan realizar). Cada jugador tiene una vitalidad que va consumiendo conforme corre, pasa, dispara o regatea. Algunos (la mayoría rivales) tienen, además, una habilidad especial, ya sea un chut endiablado o una acrobacia con el balón. Por otra parte, cada miembro de nuestro equipo destaca en algún tipo de jugada en concreto, característica que preconiza no mover el balón al tuntún.

Encajar una goleada en el primer partido es normal, y ayuda mucho a tomarse las cosas en serio.Tecmo Cup es tan cruel como divertido, ya que no pasa por alto ninguna frivolidad. Y al decir frivolidad no me refiero a regatear en defensa, sino a hacer un simple pase en corto al portero. Hay que tener mucho ojito con lo que se hace.



De todos modos, una vez pillado el truco, todo se vuelve más sencillo: los partidos se reducirán a una búsqueda continua de nuestro jugador estrella, quien cual Oliver en la serie Campeones, puede con casi todo lo que le salga al paso. Cuando se llevan varios partidos jugados es fácil percatarse de que para ganar basta con no arriesgar demasiado y permitir, siempre que sea posible, que nuestro crack se luzca con un disparo de fantasía. Así, se va avanzando partido a partido hasta que por fin alcanzamos la gran final.



El Benji del Tecmo Cup, como no podría ser de otro modo, juega en el equipo que nos espera en el partido decisivo. Bueno, lo de Benji es un decir. En realidad Benji es el portero maltés del España- Malta comparado con el pajarraco al que hay que intentar hacerle un golito en la final.

Tan utópica resulta la tarea de perforar la meta rival que creo que lo más sensato que uno puede hacer al llegar al último partido es apagar la consola. Olvidarse de que uno estuvo ahí. Abdicar y dedicarse a otros bellos menesteres que la vida nos ofrece. O para quien lo prefiera, autosugestionarse e imaginar que el mero hecho de llegar a la final ha sido una victoria, o mejor aún, negar la existencia de la misma final. Creerse que la semifinal era en realidad nuestro día reservado para la gloria.

Así es, no vale la pena consumir tiempo de vida en intentar ganar la final. Lo máximo a lo que se puede aspirar es a llegar a los penalties, si se tiene la suficiente potra para no encajar un gol en todo el partido (lo cual es poco probable, pues nuestro portero tiene manos de mantequilla). De todas formas, pongamos que la suerte está de nuestro lado y conseguimos empatar a cero y llegar a la muerte súbita... a saber si podría marcarse algún penalti a la pantera con guantes ésa que tiene el equipo contrario por portero. Ahí queda la duda. Yo ya bajé los brazos hace tiempo.

2 comentarios:

Roy Ramker dijo...

Yo al que jugué mucho fue a la versión charnega de la versión para Megadrive, tenías que devolver al Atlético de Madrid a Primera División, este juego es la caña!

Juliàn Llorens dijo...

Este juego es una maravilla. Lo jugué en su momento en la NES, alquilado. Lo he jugado en emuladores y posteriormente la versión charnega (que locos los de Charnego Translations... tenéis que probar el juego de Game Boy "La Leyenda de la Zerda"). También jugué la versión de Mega Drive, pero aunque gràficamente era superior, me quedo con la de la NES.

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