Bicheando por la red me llevé una muy grata sorpresa. Resulta que en Osaka aún se conserva, milagrosamente diría yo, un salón de la era Shoowa que mantiene intacto el sabor de los años 70 y 80 con unas selección de máquinas antiguas apoteósica (tanto por los muebles como por las placas) y una decoración que ayuda a preservar el ambiente de aquella época. Y unos precios de risa: cada partida cuesta solo 20 yenes.
El barrio en el que este saloncillo está ubicado se llama Hirano, y al pasear por él da la impresión de que el tiempo se ha detenido completamente. Es el marco perfecto para dejarse llevar atrás varias décadas y contemplar cómo era Japón cuando muchos no habíamos siquiera nacido, ya que los edificios, los comercios... no parecen de este siglo.
Shiro está a medio camino de la galería comercial de Honmachi, una calle franqueada con tiendas setenteras, pescaderías, librerías de viejo...
Esta es la vista general de la galería comercial de Hirano Honmachi. Cuando fui era bastante temprano y la mayoría de comercios estaban cerrados, al igual que Shiro. El local solo abre a partir del mediodía, por lo que tocó esperar en un parque de la zona saboreando una bebida que solo he visto a la venta en este barrio, un batido de leche de la marca Parade con una estética retro alucinante (como todo lo de la zona, vaya). Supuestamente ese batido ya no se fabricaba...
Por fin abrió sus puertas el Shiro (castillo, en japonés). La primera impresión que tuve fue la de estar ante una pequeña tienda de juguetes. Por fuera se aprecia la antigüedad del local, rodeado de ese aura especial que tienen, por ejemplo, los templos sintoístas antiguos.
La puerta es corredera, como la de las tabernas tradicionales, y el techo es algo bajo. ¿Llegáis a ver los arcades pequeñitos, al otro lado del poster de Marvel VS Capcom 2?
Vista del interior del local, ya de cara a la puerta recién franqueada. El paraíso en Technicolor.
El ambiente es sublime. La sensación de haber concluido con éxito un viaje temporal con la máquina del profesor Bacterio es constante.
El local es algo pequeñito (llamémosle "acogedor") y en él se agolpan grandes clásicos en muebles tradicionales, ancestros de las Candy y demás recreativas actuales.
Super Pang 3, Metal Slug X, Makaimura, Marvel VS Capcom, Sonic Wings (Aerofighters) 2, Samurai Spirits... Creo que eché monedas en la mitad de máquinas del local, por lo menos. Cuando me quise dar cuenta ya había pasado casi una hora desde que entré a este dojo de los videojuegos.
Las paredes del Shiro están llenas de pegatinas, pósters, fotos antiguas y carteles caligrafiados por el tenchoo, el dueño del local, un abuelito de lo más simpático y entrañable. El hombre alucinó en colores cuando me vio llegar. En su afán por mantener el local limpio, no deja que los niños entren con gominolas y aperitivos para que no ensucien las máquinas. Ni siquiera permite fumar, que ya es extraño, pero los visitantes adultos se saltan la normativa a la torera. Sobre la máquina de la izquierda hay un cartel en naranja que reza "prohibido fumar", ¿y qué tenemos sobre el panel? Un paquete de tabaco que un cliente se había olvidado :D
Una vista de una de las esquinas, con unas pequeñas máquinas plateadas manufacturadas por Sega de unos componentes maravillosos, considerando la edad que se les presume. La consistencia de los botones y el joystick y la calidad de la respuesta al jugar me dejaron con la boca abierta.
Y he quí la joya de la corona, un Donpachi montado sobre un mueble clásico. No tengo palabras...
Ciertamente, no las tengo.
Más caligrafía, calendarios e incluso una foto de un samurái cuelgan de las paredes. Bajo ella, y detrás de las cortinas blancas y azules, se encuentra el despachito del tenchoo, quien suele mirar la tele sin que el ruido de las máquinas parezca importunarle.
Shiro es un local que lleva funcionando 40 años según me contó el propio tenchoo. Al principio solo tenía mesas de juego de Space Invaders, por lo que deduzco que en sus inicios Shiro sería una cafetería más de las que vivió del boom de los marcianitos, un lugar de asueto donde los salarymans de antaño se reunían a darle al juego de Taito, Xevious y demás clásicos...
Con el tiempo, las mesas prestaron su lugar a estos muebles antiguos, cuya labor de mantenimiento debe de ser bien ardua. Me quito el sombrero ante el tenchoo y el trabajo de conservación que ha llevado a cabo en todas las facetas de su pequeño negocio. Reconozco que, jugando a Marvel VS Capcom, me dio pena saber que versiones domésticas de este y muchos más juegos acabaran llevando a la ruina a locales legendarios de este tipo (como el Autobaan, de quien me he quedado sin hacer crónica ya que cerró el año pasado... Y era como Shiro, pero 10 veces más grande, sin exagerar).
Un modelo clásico de un arcade MVS de SNK, de los primeros diría yo, y un aviso curioso: "Prohibido entrar con dulces y pollo". ¡Pollo! Parece que la fritanga de los combini de la zona lleva de cabeza al pobre dueño del Shiro.
Aquí dejo, para acabar ya, un mapa con la manera más sencilla de llegar a Shiro. Después de dar mil vueltas (y perderme varias veces) llegué a la conclusión de que este es el camino más corto. Primero hay que llegar a la estación de Hirano con la línea de metro Taniguchi (dirección a Minamiyao). Al llegar es mejor bajar por la salida número 1, al lado de la autopista, y seguir el itinerario marcado (click en la imagen para ampliar). El McDonalds que hace esquina puede servir de referencia para saber en qué dirección caminar si se baja de la estación por una salida diferente. Una vez allí veréis como fue Japón en los 70. Simplemente, disfrutadlo.







